Feragua ha denunciado que la Administración hidráulica está atribuyendo en la práctica a la cartografía utilizada para elaborar el Inventario de Cauces Públicos y/o los Mapas de Peligrosidad de Riegos e Inundaciones unos efectos que legalmente corresponden al procedimiento de deslinde, hasta el punto de que la representación de un supuesto cauce en un mapa puede acabar determinando que parte de una finca sea considerada dominio público o que determinados terrenos queden fuera de una concesión de riego ya reconocida. Una interpretación con la que se está subvirtiendo la función de una cartografía que debe servir como instrumento técnico de apoyo a la Administración, pero no sustituir los procedimientos legalmente establecidos para resolver controversias sobre la titularidad de los terrenos o modificar derechos de riego.

El problema adquiere especial relevancia por la propia metodología empleada para elaborar el Inventario, en la que se ha partido principalmente de mapas ya existentes, entre ellos cartografía hidrográfica del Instituto Geográfico Nacional con una precisión equivalente a escala 1:25.000, cruzada mediante un proceso semiautomático con otras fuentes históricas, hidrológicas y del terreno. Se trata de una herramienta útil para obtener una visión general de la cuenca, pero cuya aplicación automática a una finca concreta puede generar errores o dudas en zonas donde existen acequias, drenajes, vaguadas o escorrentías ocasionales.

Feragua recuerda que un terreno no se convierte en dominio público porque aparezca como cauce en un mapa. La Ley de Aguas reserva al deslinde aprobado la declaración formal de posesión y titularidad pública de los terrenos delimitados, mediante un procedimiento regulado, denominado “Apeo y Deslinde”, con las correspondientes garantías para los propietarios afectados. Del mismo modo, si la Administración pretende reducir la superficie incluida en una concesión de riego vigente, debe justificar la causa legal y tramitar el procedimiento correspondiente, sin que una presunción cartográfica pueda sustituirlo.

Feragua reclama por ello que la cartografía recupere su verdadera función: servir de apoyo para identificar, estudiar y proteger los cauces, no convertirse por la vía de los hechos en un mecanismo para alterar la propiedad o derechos de riego previamente reconocidos.