El regadío andaluz se dispone por fin a afrontar una campaña de dotaciones plenas en casi todos los sistemas de las cuatro cuencas andaluzas, después de siete años seguidos de restricciones, en algunos de ellos muy severas. Las fuertes precipitaciones de enero y febrero tuvieron el reverso de los daños causados en las infraestructuras de riego, pero ciertamente han cambiado de forma sustancial el panorama hidrológico de Andalucía.
Así, todas las cuencas andaluzas han mejorado en más de 20 puntos su situación hidrológica con respecto al año pasado. El cambio más llamativo se ha producido en la Cuenca del Guadalete-Barbate, que ha mejorado en casi un 40% su nivel de llenado: hace un año estaba al 51% y ahora está por encima del 90%. La mejora es también notabilísima en el Guadalquivir, que ha pasado del 56% al 84%, 28 puntos más. En el Mediterráneo se ha producido una subida similar, de 26 puntos, que ha permitido pasar de un nivel de almacenamiento del 50% a otro del 76%. Finalmente, el Tinto-Odiel-Piedras es la que menos ha subido pero también la que mejor está, con los embalses al 93% de su capacidad, frente al 71% del año pasado.
En su conjunto, las cuencas andaluzas se encuentran al 85% de su capacidad, mientras que el año pasado estaban al 56%, es decir 29 puntos más. Como suele decirse, aprovechemos las vacas gordas para preparar el tiempo en que lleguen las flacas. Hoy falta un día menos para la próxima sequía.
