Siete años después, Andalucía recupera por fin la normalidad hidrológica en el conjunto de sus demarcaciones. El ciclo de sequía prolongada comenzó en 2019, con las primeras restricciones en la cuenca del Guadalquivir, y se ha extendido, con distinta intensidad, hasta 2025. Durante este periodo, las limitaciones en las dotaciones de riego han sido la tónica dominante, especialmente duras en los años 2022, 2023 y 2024. Hasta la cuenca del Tinto-Odiel-Piedras, que no había conocido restricciones en el pasado, se vio sometida a un escenario de dotaciones por debajo de la normalidad.

Afortunadamente, hoy puede afirmarse que todas las demarcaciones andaluzas han recuperado la normalidad hidrológica, salvo algunos sistemas de Almería. Sin embargo, esta recuperación sólo ha sido posible con un tren de borrascas extraordinario que ha concentrado en apenas cuatro meses precipitaciones próximas —o incluso superiores en algunos casos— a la media anual histórica y que han ocasionado importantes daños tanto en cultivos como en infraestructuras de riego. Las dotaciones plenas están garantizadas para la campaña de riego. Otra cosa es que las comunidades lleguen a tiempo de poder tener sus instalaciones en las condiciones necesarias para el riego, después de los destrozos causados por el temporal.

En general, los embalses andaluces acumulan 10.083 Hm3 superando el 84 % de su capacidad, más del doble que hace un año, cuando apenas alcanzaban el 38%. A comienzos del año hidrológico, el 1 de octubre de 2025, Andalucía almacenaba el 43% de su capacidad. El Guadalquivir se sitúa por encima del 82 %, el doble que hace un año, la Cuenca Mediterránea Andaluza se encuentra al 76%, mientras que en el Guadalete-Barbate y Tinto-Odiel-Piedras los embalses superan niveles superiores al 92%.