Las borrascas Marta y Leonardo han causado daños millonarios en caminos rurales, redes de riego, estaciones de bombeo y otras infraestructuras hidráulicas esenciales para la actividad agraria. Desde entonces, venimos recabando de nuestros asociados la información necesaria para poder trasladar a las administraciones una relación de los destrozos más relevantes, así como una estimación económica del impacto del temporal sobre el regadío.
Feragua ha solicitado al Ministerio de Agricultura y a la Consejería de Agricultura que actúen de forma coordinada y urgente para recuperar la actividad productiva dañada en obras de infraestructuras rurales; caminos y accesos, tomas y redes de riego,…,etc., antes del inicio de la próxima temporada de riego, al igual que se actuó en la Comunidad Valenciana con motivo de la DANA de 2024. Asimismo, pide al conjunto de Administraciones Públicas que movilicen todos los recursos económicos disponibles para ayudar a reconstruir los gravísimos daños sufridos por el conjunto de la agricultura.
Pese a la magnitud de los daños, las consecuencias hubieran sido infinitamente mayores de no haber sido por la función laminadora de las grandes presas, que han permitido retener y regular los caudales extraordinarios generados por las lluvias torrenciales. Gracias a estas infraestructuras, se ha evitado que numerosas poblaciones ribereñas sufrieran inundaciones de gran alcance, con el consiguiente riesgo para la seguridad de las personas y la necesidad de desalojos masivos.
Las inundaciones han puesto de la contradicción en la que incurren los detractores de las grandes presas, que son los mismos que alertan de los efectos del cambio climático, caracterizado precisamente por periodos de sequía cada vez más prolongados y episodios de precipitaciones más concentradas, esporádicas y torrenciales. En este contexto, la regulación hidráulica no solo es una garantía para el abastecimiento y el regadío, sino también una herramienta imprescindible de adaptación al cambio climático y de protección civil.
