Dado el enorme protagonismo del regadío en la configuración territorial de Andalucía, y particularmente de su medio rural, nos parece obligado que el POTA incorpore un reconocimiento explícito del regadío como uso estratégico y sostenible del territorio. Nuestro regadío aporta empleo, facturación, exportaciones, innovación, impuestos… y además aporta paisaje e identidad. Que la planificación del territorio se olvide del regadío en Andalucía es como que la planificación sanitaria se olvide de los hospitales o de los centros de salud. O como si una historia de la cultura de Andalucía se olvida de Picasso, Lorca, Machado, Velázquez, Murillo, Bécquer, Juan Ramón Jiménez, Camarón, Paco de Lucía o Manuel de Falla.
El Gobierno andaluz se precia de sectores económicos en los que nuestra tierra apenas empieza a destacar y aún estamos muy lejos de ser referencia… y nos parece bien. Nos parece muy bien que se diga por ejemplo de que ya somos la tercera comunidad española en el sector tecnológico y de la economía digital, aunque estemos muy lejos de Madrid y Barcelona. Nos parece bien que saquemos pecho de que nuestra industria crece mucho más rápido que la media nacional, ningún problema, aunque todavía estemos en el vagón de cola.
Pero empecemos por orgullecernos de aquello en los que somos líderes indiscutibles, no ya en España ni en Europa, sino en el mundo entero. Nuestro regadío no tiene parangón más que con el regadío israelí, con la diferencia de que aquel ocupa un territorio mucho más pequeño. ¿Por qué las políticas públicas parecen avergonzarse o sentirse acomplejadas por la mención o el reconocimiento de un regadío como el nuestro, que suscita la admiración en todo el mundo?
Por lo demás, las alegaciones presentadas al POTA también abordan el impacto de la expansión de las energías renovables sobre el suelo agrario, defendiendo el autoconsumo ligado al regadío frente a la ocupación de zonas regables por grandes plantas fotovoltaicas; la necesidad de una interpretación adecuada de la economía circular en la gestión de sedimentos de infraestructuras de riego; la protección del paisaje agrario y del regadío como valores territoriales; y una revisión crítica de la cartografía de dominio público hidráulico e inundabilidad para evitar afecciones desproporcionadas al suelo agrícola. Pero de todo ello iremos hablando de forma pormenorizada en noticias específicas durante las próximas semanas.
