La administración avanza ya en la planificación del próximo ciclo hidrológico, que entrará en 2026 en fase de participación pública. Desgraciadamente, el esmero en el cumplimiento de los plazos de la planificación no tiene su reflejo correspondiente en la ejecución de las inversiones previstas en la planificación. Superado ya ampliamente el ecuador del plan vigente, se confirma que nuestras administraciones son mucho más eficientes escribiendo papeles que haciendo realidad lo que ponen en ellos.

Embalses: nada por aquí, nada por allá. Las obras hidráulicas aprobadas en la última planificación hidrológica siguen sin avances relevantes. En el Guadalquivir, el único hito significativo es la redacción –que no ejecución- del embalse del Agrio. De las presas Cerrada de la Puerta y San Calixto, nada o casi nada. Estudios previos o ni eso. En el Tinto-Odiel-Piedras, las presas La Coronada, Pedro Arco y Corunjoso en fases muy anteriores a la redacción de proyecto. Y la presa de Alcolea está viviendo una situación esperpéntica: después de que la Junta de Andalucía anunciara el acuerdo con el Estado para retomarla, las dos administraciones no se han sentado para firmar ese acuerdo. En el Mediterráneo, parecido: sólo Gibralmedina está en redacción de proyecto. De las presas Cerro Blanco y Recrecimiento de la Concepción, sin noticias. Y en Guadalete –Barbate, de la presa del Álamo, más de lo mismo, o sea, más de la nada.

Sin un Plan nacional de balsas.  Aunque la Junta de Andalucía lanzó una convocatoria de ayudas para la construcción de balsas, dotada con un presupuesto de 12 millones de euros, y el Estado ha concedido ayudas a la modernización que, incluían en su proyecto, la ejecución de balsas, es necesario un planteamiento mucho más integral y ambicioso, que es el que hemos demandado en la Mesa Nacional de la Sequía. Su objetivo sería doble. Por un lado, aumentar la resiliencia de los regadíos y del abastecimiento ante episodios prolongados de sequía, permitiendo disponer de reservas cercanas a los puntos de consumo. Por otro lado, aprovechar las escorrentías y episodios de lluvias intensas, evitando que millones de metros cúbicos de agua acaben perdiéndose en el mar sin contribuir a mejorar la garantía de los sistemas de explotación. Sería imprescindible simplificar la tramitación ambiental de estas obras, su declaración como obras de interés general y la reserva en el presupuesto de una inversión de al menos de tres cifras.

Agravio al regadío granadino. En una campaña de dotaciones casi normales, el regadío granadino fue la gran excepción. Las seis comunidades de la Junta Central de Usuarios del Embalse de los Bermejales y del Canal de Cacín, junto a la del Canal de Albolote, tuvieron todas ellas dotaciones inferiores al 50% durante la pasada campaña. Sin embargo, todas han sido excluidas de la condonación de cánones y tarifas que el Estado sí concedió a todas las comunidades de toda España en campañas anteriores. ¿Por qué ese agravio? Feragua ha reclamado al Gobierno central igualdad de trato y justicia para los agricultores de la provincia, urgiendo a la aprobación de un decreto de sequía para Granada, que extienda las medidas de alivio aplicadas entre 2021 y 2024 al resto del territorio español.

Desesperación con Breña II y Arenoso. Sobre el traspaso a la CHG de la titularidad de la gestión de estos dos embalses, ahora mismo en manos de ACUAES, sólo tenemos los compromisos públicos verbales del secretario de Estado: reuniones ministeriales existen, pero avances tangibles ningunos.

Una planificación hidrológica con enfoque verde. Los cuatro planes hidrológicos de las cuencas del Guadalquivir, Tinto-Odiel-Piedras, Guadalete-Barbate y Cuencas Mediterráneas Andaluzas, pecan de los mismos defectos: en enfoque verde en el que los objetivos medioambientales aparecen priorizados, en detrimento de las demandas de agua para regadío. En sus alegaciones, FERAGUA ha subrayado la necesidad de que los planes hidrológicos incluyan propuestas concretas para mejorar la regulación, también ha exigido dotaciones optimas y homogéneas por cultivo, así como una gestión más flexible y adaptativa de las caudales ecológicos, que contemple caudales ecológicos más reducidos en situaciones de sequía severa o “escasez hidrológica”, donde se limitan los consumos a regadíos y e incluso a los abastecimientos. Pero más de lo mismo, de momento la fauna y la flora por encima de las personas.