FERAGUA ha alertado de la muy baja ejecución de los programas de medidas de los planes hidrológicos en Andalucía, que se situaba en torno al 6% a final de 2023, una cifra muy alejada del 20% que debería haberse alcanzado al final del primer año completo de los cinco que dura el ciclo de planificación hidrológica. El dato procede del “Informe de seguimiento de los planes hidrológicos de cuenca y de los recursos hídricos en España” que se ha dado a conocer por el MITECO, informe que en sí mismo ya es una expresión del retraso que preside la política hidráulica en España, pues los datos que evalúa son los de 2023.

El retraso en la ejecución afecta tanto a la cuenca del Guadalquivir como al resto de demarcaciones andaluzas —Guadalete-Barbate, Tinto-Odiel-Piedras y Cuencas Mediterráneas Andaluzas— y pone de manifiesto lo que Feragua viene denunciando desde  hace años: la insoportable brecha entre la planificación aprobada y su ejecución real. En un ciclo hidrológico de cinco años, la ejecución de las inversiones debería avanzar de forma progresiva y equilibrada, de manera que, transcurrido el primer año, el grado de cumplimiento se aproxime al 20%. Sin embargo, el dato del 6%, a final de 2023, evidencia un retraso muy significativo, difícilmente recuperable si no se produce un cambio sustancial en el ritmo de ejecución.

Nuevas presas, las más afectadas

De forma general, en todas las cuencas, el Informe pone de relieve que el avance es mayor en las medidas destinadas a mejorar la gobernanza y el conocimiento, en las que se alcanza el 11% de lo previsto hasta 2027, seguido de las medidas destinadas al cumplimiento de los objetivos ambientales con un 6,5%, las dedicadas a la atención de las demandas con un 4,9%, y las relativas a la gestión de fenómenos extremos con un 3,4%. Feragua lamenta que no exista un desglose claro y transparente del grado de ejecución por cuenca y tipo de actuación, que permita conocer el avance concreto en las inversiones en presas y obras de regulación, las más necesarias para reforzar la resiliencia del sistema, cuya situación hace años que se aproxima al bloqueo.

No obstante, y partiendo del 4,9% de ejecución de obras destinadas a la atención de las demandas, no parece difícil deducir que el retraso es especialmente acusado en la ejecución de nuevas presas. En el Guadalquivir, las actuaciones relacionadas con obras de regulación se concentran mayoritariamente en mantenimiento, seguridad y redacción de proyectos, sin que se hayan iniciado obras nuevas de regulación. Una situación similar se observa en las cuencas Guadalete-Barbate, Tinto-Odiel-Piedras y Mediterráneas Andaluzas, donde las inversiones efectivamente ejecutadas se orientan principalmente a saneamiento, depuración o actuaciones ambientales, mientras que las grandes infraestructuras hidráulicas siguen acumulando retrasos.

La planificación hidrológica pierde eficacia si no va acompañada de una ejecución real y sostenida de las inversiones, y el actual desfase entre lo planificado y lo ejecutado condena a las cuencas andaluzas a una gestión basada casi exclusivamente en restricciones y medidas coyunturales. Por eso, Feragua considera imprescindible acelerar de forma urgente la ejecución del plan de medidas, especialmente en lo relativo a presas y obras de regulación, y reclama a las administraciones hidráulicas un mayor compromiso presupuestario, una programación realista y un seguimiento transparente que permita corregir los retrasos acumulados antes de que el ciclo hidrológico entre en su fase final.