El repaso de las noticias más negativas del semestre empieza por la falta de avances significativos en las obras hidráulicas contempladas en la planificación hidrológica. Superado ya el ecuador del plan vigente, y con el proceso del plan del próximo ciclo ya iniciados, se confirma que nuestras administraciones son mucho más eficientes escribiendo papeles que haciendo realidad lo que ponen en ellos.
Ni una piedra. Superado el ecuador del ciclo hidrológico en el Guadalquivir y en las tres cuencas andaluzas de competencia autonómica, la triste realidad es que no se ha puesto una sola piedra de las obras hidráulicas aprobadas. En el Guadalquivir, el único avance significativo es la redacción –que no ejecución- del embalse del Agrio. De las presas Cerrada de la Puerta y San Calixto, nada o casi nada. Estudios previos o ni eso. Aún más lejos de que se mueva una piedra para construirlos. En el Tinto-Odiel-Piedras, las presas La Coronada, Pedro Arco y Corunjoso en fases muy anteriores a la redacción de proyecto. De la presa de Alcolea ya hemos hablado: la Junta de Andalucía dice que la va a retomar. En el Mediterráneo, parecido: sólo Gibralmedina está en redacción de proyecto. De las presas Cerro Blanco y Recrecimiento de la Concepción, sin noticias. Y en Guadalete –Barbate, de la presa del Álamo, más de lo mismo, o sea, más de la nada.
El cuento de la buena pipa de la gestión de Breña II y Arenoso. Contábamos con la promesa de recibir una propuesta del Ministerio para el traspaso a la CHG de la titularidad de la gestión de estos dos embalses, ahora mismo en manos de ACUAES. Una intermediación que encarece los cánones que pagamos por ambos embalses de una forma absolutamente insostenible. De momento sólo tenemos compromisos verbales del secretario de Estado, que se tienen que formalizar lo antes posible en acuerdos entre las partes: MITECO, CHG, Acuaes y Feragua.
Sin un plan de balsas potente.- La Junta de Andalucía ha anunciado una convocatoria próxima de ayudas para la construcción de balsas, dotada con un presupuesto de 13 millones. Por su parte, diferentes proyectos de modernización con financiación estatal incluyen la realización de balsas. Sin embargo, y a falta de grandes presas, desde Feragua pensamos que es necesario diseñar un gran plan de balsas que ayuden a mejorar la capacidad de almacenamiento de las cuencas andaluzas y la capacidad de gestión de los recursos hídricos en situaciones de sequía. Los 13 millones anunciados se nos quedan muy cortos y solo para balsas de poca dimensión, frente a una inversión que estimamos no debería bajar de las tres cifras, para poder ejecutar balsas de dimensiones grandes (mayores de 500.000 m3) que ofrezcan garantías verdaderas a las zonas regables de mediana y gran dimensión.
Los recursos no convencionales son parte de la solución pero no toda la solución.- Las inversiones de las administraciones son muy reveladoras del sesgo de las actuales políticas hidráulicas, que son políticas que creen en la modernización y en los recursos no convencionales, pero no en las obras de regulación. Desde Feragua, aplaudimos, el Plan RegadíA, que aportará 140 millones a la modernización del regadío andaluz para la financiación de proyectos de modernización del regadío andaluz que cuenten con la declaración de interés general. Y también nos congratulamos del Plan Parra, que fomentará con 165 millones el uso de aguas regeneradas en el regadío. Sin embargo, sólo con los recursos no convencionales no se solucionará el problema de garantía de agua. Por otro lado, la administración no debe olvidarse de la cuestión del coste. Andalucía quiere parecerse un poco más a Murcia, donde se reutilizan el 95% de los recursos depurados, y está bien que así sea. Pero la Junta de Andalucía debe coger el camino de Murcia no sólo en la financiación a fondo perdido de estas inversiones, sino también en la intervención en el precio que soportan los regantes. Pues en la Comunidad vecina, ni los costes de inversión ni los de los tratamientos de regeneración son asumidos por el regadío.
