El Real Instituto Elcano ha dado a conocer un documento, titulado “El agua en España: opiniones, actitudes y prioridades de los ciudadanos”, basado en una encuesta realizada en seis comunidades autónomas, que es extremadamente revelador de la enorme diferencia que hay entre los postulados que ahora mismo sigue la política hidráulica en España, basados en los prejuicios dogmáticos ecologistas de la llamada nueva cultura del agua, y la opinión real de los españoles, que en absoluto secundan esos planteamientos sesgados, que ponen sistemáticamente el medio ambiente por encima de las personas.
De las numerosas conclusiones interesantes que ofrece este informe, para el que recomendamos una lectura atenta, queremos destacar la opinión abrumadoramente mayoritaria de los españoles en relación con la prioridad que debe recibir la agricultura en situaciones de sequía. Tal convicción, que es algo elemental, de sentido común, sin embargo no tiene en la actualidad su correspondiente refrendo legal, como lo demuestra el hecho sintomático de que los caudales ecológicos no puedan ser reducidos en situaciones de sequía, algo que atenta contra la lógica y que significa poner al medio ambiente por encima de las personas.
Los ciudadanos también se muestran contrarios a la subida del coste del precio del agua, algo sobre los que los barandas ecologistas vienen insistiendo retiradamente y a lo que desde el regadío nos oponemos frontalmente, pues la subida del precio del agua para uso agrícola dejaría a la agricultura de riego en situación de insostenibilidad. El estudio también refleja la escasa confianza de la opinión pública en las instituciones. Y es normal que así sea.
Porque cómo confiar en unas administraciones que sistemáticamente vienen dejando en papel mojado la planificación hidrológica, que no construyen ni siquiera las obras de regulación aprobadas, que no hacen nada por prevenir las inundaciones ni las situaciones de sequía, que no han sido capaces de solucionar el eterno problema de la España seca y la España húmeda, de modo que cada año se vierten al mar en la segunda toneladas de litros que, con las adecuadas infraestructuras de transportes, podrían servir para apagar la sed de los territorios donde llueve mucho menos.
Finalmente, el estudio muestra la opinión coincidente de los españoles con los regantes en relación con las políticas necesarias para combatir el problema de la garantía de agua. Políticas que deben pasar por el incremento de la oferta de agua y no sólo por el control de la demanda, pues las segundas son manifiestamente insuficientes y lesivas socialmente. Desde Feragua venimos insistiendo, en este sentido, en la necesidad de potenciar el mix hídrico, apostando por las aguas regeneradas y desaladas, pero también por incrementar la disponibilidad de aguas superficiales con nuevas obras de regulación, pues el potencial de los recursos no convencionales es mayor en las cuencas litorales que en las interiores.
