Aunque hay una delimitación más acorde con la realidad física de la cuenca, sigue habiendo deficiencias técnicas y tramos donde el dominio público se aleja de forma injustificada del cauce.

La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir nos sorprendió el pasado mes de agosto sacando a consulta pública los nuevos mapas de peligrosidad y riesgos de inundaciones de 84 tramos de la Demarcación. Decimos que nos sorprendió porque la convocatoria se realizó a través de un mero anuncio en la web, en pleno mes de agosto, y sin un aviso directo a nuestra Asociación, como es práctica común del organismo de cuenca. Más aún nos ha sorprendido que ese aviso sí se haya producido a otros actores interesados, como los ayuntamientos, cuando desde Feragua hemos presentado alegaciones a los mapas de peligrosidad en octubre de 2019 y agosto de 2020, alegaciones que demuestran nuestro evidente interés de participar en la consulta pública.

A contrarreloj hemos tenido que trabajar en el examen de estos mapas, respecto a los que ya hemos presentado las alegaciones correspondientes. Y si las formas no nos han gustado con respecto a los contenidos cabe decir que nos han gustado mucho más que los sometidos a consulta pública en ocasiones anteriores. Hemos observado una delimitación más precisa, mejor justificada y más acorde a la realidad de la física de la cuenca, en la que se han introducido criterios hidráulicos y geomorfológicos como pedíamos. No obstante, seguimos observado que hay tramos donde la delimitación del Dominio Pública Hidráulico se sigue alejando de forma importante e injustificada del cauce. En las alegaciones, hemos instado a la CHG a revisar la cartografía en ciertos puntos singulares donde la delimitación es mejorable.

En relación con la delimitación zonas inundables, al no conocer los datos de caudales generadores que sirven de base para esa delimitación, no hemos podido valorarlas y hemos pedido al organismo de cuenca que los especifiquen. Asimismo, hemos insistido en la necesidad de que, en la delimitación de las zonas inundables, se tengan en cuenta todas las obras de regulación de la cuenca: presas y balsas. Incomprensible, solo se han considerado dos obras de regulación (Negratín e Iznájar) cuando las 60 grandes presas que hay en la Cuenca cumplen la misma función de laminación y control de avenidas. ¿Por qué solo el Negratín y el Iznájar y no el resto de presas? ¿Y por qué no las balsas de riego, que en su conjunto suman una capacidad mayor que los grandes embalses?