El presidente de Feragua publica un artículo en ABC que ha dado mucho que hablar.

El presidente de Feragua ha publicado un interesante artículo en ABC que ha sido muy comentado y en el que arremete contra esa otra suerte de negacionismo que consiste en afirmar el cambio climático, pero negar que haya que afrontarlo aumentando la capacidad de regulación, condenando a los usuarios al único horizonte de combatir la falta de agua  pasando más sed. “Negar la necesidad de aumentar  la capacidad de regulación en Andalucía es otra forma de negacionismo del cambio climático. Es hipócrita e  irresponsable y nos condena a un futuro de miseria y precariedad. Esperemos que  tanto la nueva administración andaluza, como la nacional, que en estos momentos preparan sendos documentos de consenso sobre política hidráulica, no sean negacionistas del cambio climático e incorporen a sus respectivos pactos las inversiones necesarias en obras de regulación para hacer frente al cambio climático”, concluye el presidente de Feragua.

A continuación, el texto completo del artículo:

 

El otro negacionismo

Se conoce como negacionismo el empeño en rechazar hechos que son empíricamente verificables. Aplicado al ámbito científico, los negacionistas son aquellos que cuestionan los conceptos básicos que forman parte del consenso científico y que están fuertemente apoyados en la evidencia. Uno de los territorios en los que más se usa este concepto es el medioambiental, y aplicado al cambio climático. Sus negacionistas son los que se oponen a la mayoría científica que estima que el calentamiento global es real y se debe a las actividades humanas.

En esta era de fakes news, donde cada vez resulta más difícil discernir la realidad de la ficción, el negacionismo es una corriente peligrosísima que pone las afirmaciones basadas en meros ejercicios especulativos e incluso teorías consparanoicas al mismo nivel que las basadas en hechos históricos y evidencias científicas. Y cuando sus postulados se toman en serio, resulta una verdadera venda en los ojos que impide planificar correctamente el futuro, haciendo tomar decisiones erróneas  que  parten de una percepción completamente alejada de la realidad.

No soy ningún experto, pero negar el cambio climático, en contra del consenso científico mayoritario, me parece realmente irresponsable, porque, como decía antes, nos incapacita para tomar decisiones correctas. Y en relación al cambio  climático, el consenso científico ha establecido  no solo que es real y existe, sino que tendrá consecuencias directas en nuestra área geográfica, que se traducirán en períodos de sequía más prolongados al mismo tiempo que en lluvias intensas y posibilidades de inundaciones más frecuentes.  Consecuencias que además ya están comenzando a percibirse y que  se traducirán de forma general en una menor disponibilidad de agua y por tanto en un agudizamiento del déficit hídrico estructural que ya padecen la mayoría de las cuencas andaluzas.

Estando por tanto en las antípodas de cualquier forma de negacionismo, no puedo sin embargo dejar de subrayar las contradicciones tan flagrantes que se detectan entre esos actores del espacio público a los que el discurso del cambio climático no se les cae nunca de la boca cuando hablan de políticas hidráulicas, y que de hecho son los primeros en reconocer el impacto de ese fenómeno sobre la disponibilidad de agua futura, pero no en admitir la necesidad de tomar decisiones para afrontar esas consecuencias. En cierto modo, ellos son también negacionistas, porque no niegan el fenómeno, pero sí que haya que afrontarlo, condenándonos al único y nada esperanzador futuro de combatir la falta de agua pasando más sed.

Porque básicamente esa es la última alternativa que parece ofrecerse al regadío. “Efectivamente, ustedes van a tener menos agua para regar. Acostúmbrense, que esto es lo que hay, e irá a más (en este caso, a menos)”. Básicamente ese es el discurso que se traslada a los regantes. Lo cual es como si a un grupo de población sin recursos y mal alimentado se le dice que lo único que se puede hacer es acostumbrarse a pasar hambre. Para estos otros negacionistas, la única adaptación posible al cambio climático es que pasemos sed. Ellos lo llaman ahorrar, pero ahorrar es un verdadero eufemismo en un regadío como el andaluz donde los niveles de eficiencia ya son altísimos y los sistemas de riego más avanzados ocupan la mayor parte de la superficie de regadío.

Ojo, que nadie interprete que el regadío no está dispuesto a ahorrar. Al contrario. El compromiso del regadío con la innovación, la eficiencia y la aplicación de las tecnologías más avanzadas es total, rotundo y absoluto. En los últimos años, la inversión en mejoras ha  sido tan grande que la mayoría de las comunidades están fuertemente endeudadas. Pero mejorar la eficiencia no será suficiente. Si no aumentamos la disponibilidad de agua, pasaremos mucha sed. Y para aumentar la disponibilidad de agua necesitamos nuevas obras de regulación que permitan mantener la actividad agrícola durante los períodos más prolongados de sequía al tiempo que constituir un eficaz freno a las inundaciones.

Negar la necesidad de aumentar  la capacidad de regulación en Andalucía es otra forma de negacionismo del cambio climático. Es hipócrita e  irresponsable y nos condena a un futuro de miseria y precariedad. Esperemos que  tanto la nueva administración andaluza, como la nacional, que en estos momentos preparan sendos documentos de consenso sobre política hidráulica, no sean negacionistas del cambio climático e incorporen a sus respectivos pactos las inversiones necesarias en obras de regulación para hacer frente al cambio climático.

José Manuel Cepeda

Presidente de Feragua