Tanto el Gobierno central como la Junta de Andalucía tienen entre sus planes elaborar sendos documentos de análisis, revisión y planificación para consensuar con los diferentes actores las políticas que es preciso acometer  en relación con el uso del agua. Por un lado, el Gobierno Central está tramitando el Libro Verde de la Gobernanza; por otro, la Junta de Andalucía, está haciendo lo propio con el Pacto Andaluz por el Agua. Y en ambos casos esta  iniciativa nos parece muy bien, pues realmente las políticas hidráulicas deberían estar ajenas a la lucha partidista y territorial y desarrollarse con el máximo consenso social posible, pero también con una verdadera participación de los usuarios, lo que hasta ahora no hemos visto en la tramitación de ambas iniciativas públicas.

En la redacción de ambos documentos el concepto de cambio climático va a tener un peso fundamental, algo que nos parece lógico desde Feragua, pues se trata de una realidad innegable cuyos resultados ya se están viendo y aún se tendrán que percibir más. El cambio climático significará períodos más prolongados de sequía y también mayores posibilidades de inundaciones.

Por tanto, nosotros nos alineamos con quienes se indignan ante los negacionistas del cambio climático. Pensamos, como ellos, que ese negacionismo es acientífico. Sin embargo, no nos indignamos menos ante quienes parecen ignorar las consecuencias del cambio climático sobre la disponibilidad de agua y obvian la necesidad de afrontarlas aumentando la capacidad de regulación. Eso también es negacionismo. Negacionismo irresponsable e hipócrita, pues no podemos tolerar que la solución a tener menos agua sea pasar sed.

De modo que estaremos muy atentos en los próximos meses, y no nos cansaremos de denunciar el fariseísmo en torno al cambio climático cada vez que lo detectemos.

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